Superdotación en niñas: por qué pasa desapercibida
A veces, para encajar en un sitio, decidimos hacernos un poquito más pequeñas y apagar nuestra luz para que nadie nos mire raro. Esto, que a veces hacemos de adultas, lo viven miles de niñas todos los días en el colegio bajo un fenómeno que la psicología llama masking o camuflaje social.
El talento femenino no falta: se esconde
Durante años se pensó que las altas capacidades eran mayoritariamente cosa de chicos, porque ellos suelen manifestar el aburrimiento con conductas disruptivas en el aula. Pero las investigaciones actuales de referentes como Linda Silverman o Joseph Renzulli demuestran que el talento femenino está ahí, solo que se vuelve invisible por una alta competencia adaptativa y por el deseo de pertenencia al grupo.
Las niñas aprenden muy pronto a cumplir las expectativas sociales de complacencia y discreción; por eso, muchas prefieren fallar preguntas a propósito en los exámenes o camuflar sus intereses profundos para evitar el rechazo de sus iguales.
El coste invisible de la adaptación perfecta
Esta adaptación perfecta oculta una alta asincronía, un desarrollo emocional y cognitivo a ritmos diferentes, y cuando una niña crece disimulando lo que es, el coste en la adultez es un riesgo altísimo de sufrir el síndrome del impostor, ansiedad existencial e infrautilización de su potencial profesional.
Identificarlas no es buscar un expediente de diez ni ponerles una medalla: es darles el marco para entender su propia mente.
Identificar las altas capacidades en ellas no es buscar un expediente de diez ni ponerles una medalla, sino realizar un diagnóstico temprano que atienda su alta sensibilidad y su agudo sentido de la justicia, ofreciéndoles el marco que necesitan para entender su propia mente.
Si al leer esto has pensado en tu hija, en una alumna o has recordado tu propia infancia, te leemos. Hablar de esto con rigor y con el corazón en la mano es el primer paso para dejar de hacerlas invisibles.